Al ser uno de los destinos turísticos más atractivos del mundo, París abraza todos los tópicos que se le atribuyen sin perder la elegancia en ningún momento. Es un festín para todos los sentidos, con unas vistas maravillosas, así como la presencia de la música en todos y cada uno de los callejones y las esquinas de la gran metrópolis.
Romance, buena cocina, monumentos, museos, el mal genio, pan, un ligero aire bohemio... Cuando se piensa en París, muchas cosas vienen a la mente. No obstante, es la música el elemento que tiende a perderse por el camino, o que se restringe a canciones de una época determinada. Pero hay muchos sonidos que resuenan en las históricas calles de la Ciudad de la Luz.
Hay una serie de eventos que ya son más que familiares para los parisinos, como la “Nuit Blanche” (Noche Blanca),
www.paris.fr/portail/loisirs/Portal.lut una maratón cultural de 24 horas que sirvió de inspiración a la Virada Cultural de São Paulo; y la Fête de la Musique (Fiesta de la Música), www.fetedelamusique.culture.fr un día en el que la ciudad se rinde a actuaciones musicales de toda clase. O incluso, las actuaciones y conciertos de gran calidad que se celebran cada domingo en el parque de La Villette.
Un curioso predecesor de estos eventos fue la iniciativa que se llevó a cabo en 1977 llamada “Métro Molto Allegro”, un evento oficial en el que participaron más de 100 músicos que animaron las estaciones de metro, lugares que se habían convertido en un símbolo de la rutina y la monotonía diarias mientras se viajaba de casa al trabajo y del trabajo a casa.
Desde entonces, y gradualmente, cualquiera de las 300 estaciones de metro de la capital gala se convirtieron en lugares adecuados donde escuchar buena música. Algunas de estas estaciones son tan grandes que se puede tardar bastante tiempo en cambiar de línea, o, incluso, en salir. Y en ese preciso instante, cuando parece que las escaleras no se acaban, se puede oír el sonido de un saxofón, de un acordeón, o de una guitarra.
Como sucede en la mayoría de grandes capitales, se necesita una licencia para poder tocar en el metro de París. Para obtener una, se tiene que superar el proceso de selección llamado Espace Métro Accords, www.ratp.fr/fr/ratp/c_5102/culture/, que recibe a los candidatos dos veces al año para adjudicar licencias que permitan a los músicos actuar en los lugares más conocidos de la ciudad, como en las enormes y concurridas estaciones de Châtelet o de Les Halles – en el siguiente enlace del diario le Figaro www.lefigaro.fr/musique/2010/04/16/03006-20100416ARTFIG00388-le-metro-parisien-plus-grande-scene-de-france-.php se puede ver un vídeo de una de estas rondas.
En este universo subterráneo, se pueden encontrar artistas noveles franceses haciendo improvisaciones www.youtube.com/watch, e incluso bandas realmente sorprendentes, como los el conjunto ucraniano Musiciens de Lviv, quienes traen la animada música folk del este de Europa al corazón de la Ciudad de la Luz, que contagia buen humor y ánimo a los pasajeros que van y vienen por los largos pasillos de las estaciones.
Mientras tanto, el infame mal genio galo se mantiene, casi imperturbable, y la mayoría de veces no cede ni ante la música de la calle. En los coches de caballos casi no hay conversaciones, y eso provoca un ambiente muy tranquilo y reservado. Los músicos callejeros que piden algunas monedas por su música acaban quejándose cuando la gente no les da la cantidad de dinero esperada, quizá porque están acostumbrados a obtener, incluso, algunas monedas de la gente más estirada de la ciudad sin esforzarse demasiado.
Pero, de todos modos, cuando la música es buena, no hay mal ambiente en el mundo capaz de resistirse. Esto es exactamente lo que pasó en esta inesperada intervención: una prueba de que un buen músico callejero aliado con lo inesperado puede obrar milagros hasta en los días más grises:
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