“Si trabajas duro, al final recogerás los frutos”, dice Lindsey Vonn. Es una filosofía de vida que está conectada con otras reglas básicas de esta atleta previamente conocida como Lindsey Kildow, que ha seguido metafórica y no tan metafóricamente a lo largo de su vida: “Cuando caes, simplemente tienes que levantarte de nuevo”. Durante su carrera ella ha corregido esta filosofía con una nota a pie de página: si caes, levántate con más fuerza, más hambrienta y más ambiciosa. “Mirar atrás te ayuda a concentrarte”, asegura. “Cuando los éxitos caen en tu regazo, pierdes de vista tus metas”.
Un prodigio sobre los esquís
Nacida en 1984, Vonn tuvo sus primeras experiencias sobre los esquís cayendo y volviendo a levantarse en un estado no especialmente conocido por las montañas, sino por los lagos, Minnesota. Pero con su padre y abuelo, que fueron esquiadores de competición, la pequeña Lindsey comenzó a dejar su huella por las colinas locales cuando apenas tenía tres añitos. “Comencé a competir a los siete, y para los nueve ya estaba participando en carreras internacionales”, recuerda. El talento de aquella pequeña chica era tal, que bastó para que toda la familia considerara la idea de mudarse con el fin de ofrecerle las mejores oportunidades para su preparación deportiva. Así que, de manera provisional, sus padres, sus hermanos y su hermana se fueron todos a Vail.
La jovencita mejoró rápidamente. A los 14, se convirtió en la primera mujer americana en ganar el Trofeo Topolino, en Italia, en toda la historia. La apodaron “Junior-Junior Worlds” y su nombre entró en el libro dorado de los campeones junto a otras chicas que habían crecido hasta ganar el título de la Copa del Mundo.
En su primer año de competición entre los mejores, Lindsey, con sólo 15 años, pisó el podio en varias pruebas NorAm. Su primera victoria en una prueba de la FIS (Internacional Ski Federation) llegó en 2001. Y ese mismo año se hizo con un triunfo en las Super Series, así como con un bronce en la prueba combinada de los Campeonatos Nacionales de los Estados Unidos. En ese mismo ejercicio, tomó parte en su primer slalom de la Copa del Mundo. En el Super G, en Val d’Isere, obtuvo sus primeros puntos de la Copa del Mundo llegando 26ª.
Cuando Lindsey fue seleccionada como miembro del equipo olímpico de Estados Unidos en 2002, levantó reticencias entre los aficionados, pero un sexto puesto final en la combinada la colocó en pantalla para todo el mundo. Ella concentró todas sus energías en mejorar su velocidad y consistencia. El esfuerzo valió la pena, con dos títulos nacionales, numerosas medallas en los Campeonatos del Mundo Junior y varias pruebas de la Copa del Mundo.
Su progresó continuó en 2003, con una plata en los Campeonatos del Mundo Junior, así como otra plata y un bronce en los Campeonatos Nacionales de Estados Unidos. Y aún siguió progresando en la temporada 2003/2004, con dos oros en los Campeonatos de Estados Unidos, dos medallas en el Mundial Junior, y logrando su primer podio en una prueba de la Copa del Mundo. Lo consiguió en Cortina d’Ampezzo.
La siguiente temporada resultó incluso más excitante, cuando Lindsey capturó su primera victoria en una carrera de la Copa del Mundo y asistió a sus primeros Campeonatos del Mundo. Firmó 13 finales entre los cinco mejores en las pruebas de la Copa del Mundo y el Campeonato Mundial, llegando a ocupar plaza en el podio en seis ocasiones. Concluyó la temporada clasificada en la sexta posición del ranking mundial. Decidida a aprovechar su momento de forma en el arranque de un año olímpico, Lindsey invirtió su verano entrenando intensamente en Oregon y Chile. ¿El resultado? Jamás había estado tan en forma.
Cobrando velocidad
La carrera de Lindsey cobró una velocidad vertiginosa en la temporada 2005/06. Se deslizó entre las puertas en diciembre para amarrar la victoria en los Downhill de Lake Louise, Canada y Val d’Isere. El premio tradicional de esta carrera francesa es una vaca, que ella recibió con gusto. El animal recibió el apropiado nombre de Olimpia, y Lindsey la conserva como mascota en una granja cercana a la base de entrenamientos del equipo norteamericano en Austria.
“La última vez que fui a las Olimpiadas, fui básicamente a por experiencia, y resultó realmente divertido”, recalca Lindsey. Pero en 2006 la historia fue diferente. Ella encabezaba al equipo y representaba la gran esperanza del combinado femenino de Estados Unidos. Lamentablemente, no era su momento. Durante una carrera de entrenamiento, Kildow tuvo un accidente que la envió al hospital. Salió mal parada del golpe, pero compitió. Lindsey no logró llegar demasiado lejos en la prueba. Acabó 8ª en el Downhill, 7ª en Super Gigante y 14ª en el Slalom, a pesar del horroroso accidente.
Y ahí estaba otra vez, la actitud de no dejar nunca que los retrasos te lastren: “Esto ha ocurrido por alguna razón”, dijo. “Fue una oportunidad perdida, pero me dio el combustible y la motivación que necesitaba”.
Y la necesitaba de verdad: Lindsey volvió a tener otro accidente, esta vez en Austria. Ocurrió en octubre de 2006. “Tenía una pequeña contusión en un hueso. Pero no estaba totalmente claro, por lo que no me iba a impedir esquiar”, rememora. Aparentemente así era. Volvió para sumar un primer puesto en el Downhill de Lake Louise (una prueba donde siempre parece brillar), con otros dos segundos en otro Downhill y un Supergigante. A la victoria en Lake Louise le siguió otra en el Downhill del Val d’Isere, otra en el Supergigante de San Sicario/Sestriere y seis podios más. Dos de los más valiosos que celebró fueron las dos platas que obtuvo en los Campeonatos del Mundo, en Downhill y Supergigante. La temporada concluyó como empezaba a ser habitual: con una lesión tras una caída. Esta vez, un tirón en un tendón.
En la cima del mundo
“Los tropiezos me motivan,” aseveró Lindsey una vez más. E inesperadamente volvió a demostrarlo, dominando casi a placer las disciplinas de velocidad en la temporada 2007/08. Espoleada por los Proyectos Especiales para Atletas de Red Bull alcanzó el mejor momento de forma de su carrera y ganó la Supercombinada en San Antón y cinco carreras de Downhill. Por supuesto, la de Lake Louise, pero también el brutal examen de San Antón y las clásicas de Cortina, Sestriere y Crans Montana. Esta racha de victorias no sólo le granjeó el peldaño más alto del podio en la Copa del Mundo de Downhill, sino además la posibilidad de cumplir su sueño de la niñez: la victoria global en la Copa del Mundo.
Hay vida más allá de los esquís
Hoy Lindsey Vonn es un modelo a seguir par las chicas americanas, como la también campeona olímpica Picabo Street lo fue para ella. “Hay tantos adolescentes que me mandan cartas… Soy su héroe. Es difícil de asimilar”. Pero ella es más que una celebridad en las naciones alpinas de Europa, donde el esquí es una pasión para toda la población. “Es genial, especialmente en Austria. Todo el mundo me reconoce. Me piden autógrafos y me preguntan sobre la vaca. Pero no me siento acosada, simplemente es que hay muchísima gente aficionada al esquí”, se felicita Lindsey, con una sonrisa de satisfacción. El interés y el apoyo de sus fans, de cualquier modo, contrasta con la soledad de los largos viajes de la temporada de competición, tiempo en el que fija su residencia principal en Austria. “Apenas consigo ver a mis amigos, que apestan”, dice entre carcajadas. “Afortunadamente tengo a Olympe, mi vaca”. Kildow conserva su exclusiva mascota con los granjeros que le sirven de padres de acogida, no demasiado lejos de su domicilio invernal, en Kirchberg. El año pasado incluso se convirtió en abuela gracias a la llegada de Sunny, el primer retoño de Olympe.
La mayoría de la gente que la conoce dice que es muy fácil llevarse bien con Lindsey, y eso le ha convertido en una persona muy popular incluso entre sus rivales y entre los habituales de los círculos del esquí. Algunas de sus adversarias, como por ejemplo la alemana Maria Riesch, han llegado a convertirse en muy buenas amigas suyas. Puede que tenga algo que ver con que Lindsey siga siendo la típica “chica de al lado” pese a sus éxitos.
A Lindsey le gusta jugar al tennis y montar en bici. Lee muchos libros y escucha música rap (“Stronger, de Kanye West, me motiva durante los entrenamientos”), le encanta Myspace y la serie “Ley y Orden”, el sushi y el Kaiserschmarrn (un postre típico de Austria). De cualquier modo, Lindsey tiene otro rasgo de personalidad que algunos otros deportistas no tienen: sabe reírse de sí misma. “Bode Miller es responsable de mi apodo”, ha revelado en una entrevista. “Fuimos a jugar a los bolos en Innsbruck con Thomas, que entonces era mi novio, y se equivocó al escribir mi nombre. Puso Kildon, lo que fue mutando hacia Don Don, El Don y otras muchas modificaciones”.
El 29 de septiembre, Lindsey y su novio de hacía muchos años, Thomas Vonn, contrajeron matrimonio (Thomas también es un ex profesional del esquí) en una ceremonia celebrada en Park City. “Thomas y yo formamos un gran equipo”, asegura Lindsey, “y esquiar es en realidad la única cosa sobre la que nunca hemos tenido conflictos. Entiende el estrés y los sacrificios del esquí, y es el primero que me levanta cuando tengo un día en el que me siento baja”. Con Thomas a su lado y una gran bola de cristal en su maleta, Lindsey se siente más feliz que nunca en su vida. “Si trabajas duro”, dice, “al final encuentras recompensa”.
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