Cosmopolita hasta el extremo, Nueva York es un icono de libertad y modernidad. Y como personificación de todo ello, la música callejera tiene mucho espacio para enriquecer, aún más, a la ciudad que nunca duerme.
Conocida por su extravagante mezcla de gente venida de todo el mundo, la Gran Manzana es también un lugar igualitario en cuanto se refiere a los músicos callejeros: todos ellos disponen de espacio más que suficiente para desplegar su habilidad ante los transeúntes.
Para aquellos que no sepan cómo va el tema en Nueva York, decir que hay un poco de todo en las 24 líneas de metro, con un total de 465 estaciones que están distribuidas por los cinco distritos (o comunas) de la ciudad; cosas que la gente reconoce, al menos, por el nombre. Obras de arte, álbumes de fotos, posters, etc. Todos reproducen el diseño y la arquitectura de los distritos, llevando la cultura al mundo cotidiano del transporte urbano.
La música también tiene un espacio garantizado, y lo cierto es que no podría haber sido de otra manera. En 1985 se creó un programa piloto para regular la música en la red de metro y para evitar el desorden. En 1987, se convirtió en una ley.
Music Under New York (Música Bajo Nueva York) www.mta.info/mta/aft/muny/, o MUNY, en sus siglas en inglés, determina 25 ubicaciones www.mta.info/mta/aft/muny/locations.html donde músicos seleccionados se turnan para actuar.
La selección de músicos siempre tiene lugar en primavera, y es un evento en sí mismo, algo parecido a Operación Triunfo. Los candidatos deben rellenar y enviar una solicitud, conjuntamente con una muestra de su trabajo, para una evaluación previa. A partir de las peticiones recibidas, unas 60 se seleccionarán cada año para una audición ante un consejo de evaluación, que estará presente en el icónico y ajetreado vestíbulo de la estación Grand Central, como se muestra en el vídeodiario del dúo callejero Dagmar http://www.youtube.com/watch.
Las presentaciones las llevan a cabo músicos, profesionales de la industria, representantes del metro, y miembros de distintas organizaciones artísticas de la comunidad local. A partir de ahí, se seleccionan a aquellos músicos que puedan actuar por el dinero que les den los transeúntes, una actividad que, por otro lado, es ilegal en la red de metro. De hecho, las actuaciones están prohibidas en los trenes, y solamente están permitidas en las estaciones.
Aún así, los artistas tienen poco de lo que quejarse. La leyenda cuenta que el cumplimiento de la ley no es muy estricto, y que, incluso, músicos no autorizados pueden actuar, siempre y cuando acaten una serie de normas específicas y no usen el espacio reservado para los artistas “oficiales” (se puede escuchar una muestra de su trabajo, en el siguiente enlace):
www.mta.info/mta/aft/muny/bios_samples.html.
Hace un par de años, se produjo una interesante anécdota entorno al lanzamiento del nuevo disco del grupo inglés Oasis: los británicos fueron a Nueva York y, personalmente, enseñaron a un grupo de músicos callejeros como tocar una serie de temas exclusivos del álbum que estaban a punto de lanzar, para que las tocasen en las galerías de Manhattan.
Este es uno de los incontables episodios que forman parte de la larga tradición de músicos callejeros de Nueva York. En este mundo, en el que se pueden encontrar flautas de los Andes, koras senegalesas, guitarras flamencas, e incluso sierras mecánicas, también hay espacio para la música afroamericana, tan típica de los Estados Unidos. Eso sin mencionar los diversos festivales de jazz y blues que se celebran a lo largo del año, o la aparición de un estudio de grabación www.digitaljournal.com/article/287760 dirigido, exclusivamente a los músicos del metro.
Por estos y otros motivos, viajar bajo tierra por Nueva York es comparable a hacerlo con uno de los clásicos Yellow Cabs, los célebres taxis amarillos de la Gran Manzana. Además, es una opción más asequible, y tiene el añadido de una inesperada banda sonora que oiremos por el camino, como sucede en esta presentación www.youtube.com/watch que nos hace pensar que, a veces, la vida puede ser como un musical.
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