Coma ha demostrado una gran fortaleza mental en una carrera que te hace madurar en cada edición. Ha superado el aliento del francés Despres (ganador los dos últimos años) en el cogote y, sobre todo, la muerte de su compañero de equipo Andy Caldecott. “Esta victoria, va dedicada a Andy, que ha pagado demasiado cara su pasión por las motos”, declaraba Marc a su llegada a la meta.
Coma ha coronado así una buena trayectoria deportiva que le ha llevado a ser campeón del mundo de enduro y segundo en el pasado Dakar. Parece que por fin se ha sacudido la imagen de escudero de lujo de Nani Roma y ya vuela por lo menos a la misma altura que su maestro.
“La llegada al mítico Lago Rosa ha sido increíble. Es una sensación imposible de explicar con palabras. Es muy raro”, comentaba. Tengo ganas de llegar a casa para celebrarlo con mi familia y amigos, porque aún no me hago a la idea”.
Siempre le precede una sonrisa, como de niño bueno. Y es que, aunque Coma es joven (29 años) está curtido ya en la arena del desierto. Como cuando en 2003 se fracturó una muñeca unos días antes de la meta y logró llegar undécimo a Dakar a base de orgullo y casta.
Años de escudero, adquiriendo experiencia, hasta su ensayo general en 2005, en un intenso mano a mano con Cyril Despres. Este año, su regularidad ha sido clave. No ha conseguido ninguna victoria de etapa, pero en todas ha terminado entre los seis primeros. Y ha demostrado que domina a la perfección la navegación, que le privó de la victoria en 2005, en una edición mucho más restrictiva con el GPS.
Marc comenzó a montar con ocho años, cuando su padre (quien había competido en motocross) y su tío le inyectaron el virus del motor. Pero montar dependía de sus notas en el colegio. No le debía ir mal en clase, porque progresó hasta ser campeón mundial de enduro sub´23 y campeón por naciones en 1998. Hasta que el Dakar entró en su vida.
Cinco participaciones, siempre bajo la tutela del gran Jordi Arcarons, y arropado en sus comienzos bajo el manto de Nani Roma, y ya cuenta con su primera victoria, que puede ser el comienzo de muchas.
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