La gran familia políglota de la Red Bull Music Academy ha dado el do de pecho en la última jornada de SONAR 2009. La mañana comenzó con el Dj K**O desparramando desde primera hora con su ya clásico “Espanish Boggie”, vibrante y bailable. A continuación, Sonicbrat comenzó ruidista, con sonidos tomados directamente de las calles de su Singapur natal. A estas alturas del festival se arriesgaba a dormir a los supervivientes, pero poco a poco se fue ganando a la afición con un downtempo repleto de buenas vibraciones y un beat marcadamente hipnótico. El público no pudo evitar acompañarle a las palmas y se levantó religiosamente a una señal suya para bailar a su tempo. Ya eran suyos. En esas condiciones apareció la diminuta y hermosa mexicana Natalia Lafourcade. Un pozo de talento que embelesó al respetable con una voz angelical entonando melodías de folk intenso y lleno de sentimiento, teñidas por multitud de matices merced a un sabio uso de las pedaleras de loops y su buen hacer tanto al piano como a la guitarra.

Tras uno de los momentos más bellos del festival, el dúo de lisboetas Octapush llegaba decidido a sacudir tímpanos y acelerar las pulsaciones con el ritmo de su dubstep garagero. Y vaya si lo consiguieron. Cientos de brazos en alto lo atestiguaban. Sólo con el público entregado podíamos dar paso al héroe local, Guillamino, que dio rienda suelta a su peculiar soul electrónico, con toques del folklore catalán. Ganó varias decenas de adeptos más y pudo sugerir a los forasteros que ampliaran su perspectiva de la ciudad, desde el mensaje pintado en su maleta: “Ramblas is not Barcelona”.

Casi al mismo tiempo, en el espacio SONAR Demo de la segunda planta del CCCB, Carl Craig verdadera leyenda del techno parido en Detroit, impartía clase sobre las posibilidades de lo analógico en el mundo de la música electrónica. Toda una lección del maestro.

Pero la fiesta aún no había terminado en el SonarDôme. El húngaro residente en Suecia Kornel Kovacs venía dispuesto a todo, tras dos días empapándose del espíritu del festival. Y parece que es un buen observador, porque su tech house de alto voltaje reventó la carpa. Público en pie que no desaprovechó el británico Lukid, que aguardaba ansioso para seguir la línea ascendente con sus beats abstractos y bajos bien gordos.

El fin de fiesta corrió a cargo de la estrella sudafricana en alza Culoe de Song, quien con sólo 19 añitos y su deep afrohouse se encargó de poner el broche de oro a otra edición del Sónar de Día, la primera en que Red Bull Music Academy se ha hecho cargo del escenario SonarDôme, demostrando que no podemos perder de vista a ninguno de sus participantes. Ellos son el futuro.


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